Sentía tanta ira, tenía celos, no quería que alguien más se involucrara con ella, no podía permitirlo, y lo peor de todo es que tampoco quería que ella supiera cuánto me gustaba. Sara me llamó y me pidió que fuera por ella, así que me levanté de la cama y me dirigí hacía su casa. Minutos después llegamos a mi casa. —Hola Sara!. —se acercó Marcos. —¿Sabes que le pasa a Cristian? Desde que llegó a estado más amargado de lo normal —Cállate, sólo tengo estrés. —Fruncí mis cejas —Suba