Las horas pasaron y pronto salieron de la Universidad.
—¿Ya no estás enojada?. —Indagó Cristian
—No, ya se me pasó un poco. —Rodó los ojos
—¿Qué hago para que me perdones?. —Puso cara triste
—Sólo espero que no vuelvas a salir con esos pensamientos tan estúpidos. —Frunció el ceño
—Ya ya. —Le estrujó los cachetes —No volverá a pasar, te lo prometo, no quiero que te enojes conmigo. —Se acercó a su rostro
—Oye!. —Sus mejillas enrojecieron —Aún no estamos tan lejos de la Universidad para que hagas