Su cuerpo empezó a hacer un vaivén, mientras seguía besándome con pasión. Ese movimiento, esos besos, me iba a volver loco si no aprovechaba el momento; tomé fuerza y valor, colocando mis manos en su cintura, bajándolas hacia sus glúteos, tenía unas grandes nalgas, ¡Por Dios! Quería desnudarla por completo!, estaba perdiendo la cordura, me estaba volviendo loco por pensar en eso!, mi masculinidad estaba grande y dura, ella podía sentirla.
—¿No quieres?. —preguntó fría —Claro, quizás no soy sufi