Sus manos salieron de mi torso, y sus palmas se juntaron en mis mejillas, mirándome a los ojos, se veía desesperado, se veía triste aunque intentaba sonreír.
—T-te d-dije que... —respiró profundo —N-no llores más.
Fueron sus últimas palabras, lo escuché y cerré mis ojos de nuevo, se tornó un silencio enorme en la habitación. De pronto sentí sus suaves y cálidos labios junto a los míos, con sus manos en mis mejillas intentando correrme más hacia él. Otra vez nos habíamos besado.
Me besó como si