Pasaron días, Esteban me llamaba y me escribía, lo bloqueé de todas las redes y no contesté sus llamadas. Claro, no tenía tiempo, por eso no venía a mi casa, se suponía; pero aun así le pedí a mi hermano que siempre me negara si Esteban venía a casa, esta vez Esteban no le había contado el problema, por supuesto que no le contaría, no quería quedar mal.
Intenté verme bien, intenté sonreír, intenté disimular mi tristeza. Cristian estuvo allí, cada día pendiente de mi, ocupando mi cabeza para que