—Mira por dónde andas, idiota —dije, esta vez sin gritar, pero con firmeza.
—Lo siento... —respondió sin mirarme—. Ah... eres tú. —me miró
Sonreí, levantando ligeramente las cejas.
—¿Qué? ¿Ahora me vas a gritar y a tirar mis cosas?
—¿Quién es ella? —preguntaron sus amigos.
—¿Ahora son amigos porque lo defendiste? —se burló él.
—Si somos amigos o no, no es tu problema, ¡no seas sapo!. —Di un paso hacia él—. Mejor mira por dónde caminas.
Me giré y seguí caminando junto a Cristian.
—Eres muy linda