—Oye, vistes genial. —lo miré de arriba abajo—. ¿Dónde compras tu ropa? ¿También venden para mujer?
—En Prim Store. Y sí, también hay para mujer.
—Perfecto. ¿Me das la dirección?
—Está bien.
Caminamos juntos de regreso al quiosco. Cuando llegamos, se despidió con un gesto breve.
Lo observé alejarse.
Seguía pareciendo alguien... solo, ¿o será que ya tenía amigos?.
—¿Por qué te demoraste tanto? —dijo Ángela, haciendo un puchero exagerado—. ¿Dónde estabas? ¿Ya nos estabas cambiando?
—No seas dra