Al día siguiente la pasé bien con mis amigos, aunque no me reuní con Cristian para continuar la tarea.
Esteban fue a recogerme más tarde, y pasamos la noche juntos. Cada día que estaba con él, la felicidad que sentía era inmensa, como si todo en mi vida estuviese perfectamente cuando estaba a su lado.
Pasó otro día más, todo transcurrió con normalidad, como siempre. Pero al salir de clase, algo hizo clic en mi mente.
El trabajo.
Sólo faltaba un día para entregarlo.
El nerviosismo me recorrió el