Tras aquella discusión, Amelia entró a casa e hizo lo que dijo, se dirigió a su antigua habitación y se recostó en su antigua cama, sintió que ya no podía más.
La fuerza con la que enfrento a Luciano se había esfumado y las lágrimas mezcladas con rabia se habían ido, ahora solo sentía puro dolor y tristeza.
Por largo rato lloró, en su cabeza no cabía la idea de las cosas tan hirientes que había dicho aquel hombre, ¿Cómo podría ser? ¿Cómo un padre puede no amar a su propia hija? ¿Cómo?
Aunque, si