Paolo se quedó por un momento en silencio y luego dijo:
—Me veo y creo que ya me siento viejo…
—¿Viejo? Por Dios, Paolo, eres un escuincle, ¿tienes qué, 23 años?
—¡Oye! No pienso decirte mi edad…
—Sabes que te oyes ridículo diciendo eso, ¿verdad?
—Pero, bueno, dejando de lado las ridiculeces que dices, supongo que ya no ves al mismo tipo que veías hace un par de años.
—No, ahora me veo con preocupaciones, pero verdaderas preocupaciones.
—¿Por?
—Saber que muchas familias dependen de mí, saber que