Alexandros tomó un taxi y se fue a recoger su auto; él no sabía si Adrien decía la verdad o no, pero sabía que, por el momento, no debía tentar a la suerte. Tan pronto como llegó a su auto, subió a él y comenzó el viaje hacia el Aeropuerto Leonardo da Vinci–Fiumicino.
Estaba a punto de llegar a este cuando de pronto, varias camionetas oscuras le cerraron el paso. Alexandros sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo; no necesitaba ser muy listo para saber quién estaba detrás de todo eso. Sabía qu