El viaje había sido largo, pero no tanto como todos los años que tuvo que esperar este joven a que alguien fuera por él.
Al descender del avión, Dmitri quedó asombrado por el increíble cambio de clima, el vaivén de la gente, el idioma, todo y nada a la vez.
—Dmitri, por aquí… —dijo Luciano señalando el camino hacia su auto.
—¿Este es tu auto?
—Sí, ¿Por qué la pregunta?
—No, no, por nada. —dijo el joven, sorprendido por ver un auto tan elegante como el de Luciano.
—¿Sabes conducir?
—Sí, pero aún