Amelia se quedó sin palabras, pues no esperaba que aquel frio hombre actuara de esa manera.
- ¿Cómo estas, cariño? ¿todo bien? -dijo Luciano en un tono que Amelia no supo cómo interpretar.
Daniela vio la escena y no supo qué era lo que había sucedido en las pocas horas que había dejado sola a su mejor amiga.
- Señorita Alba, no me molesta que visite a mi esposa, al contrario su presencia siempre será bienvenida, pero, solo le voy a pedir algo, no venga a inquietar a mi esposa, ella necesita reposo, no necesita que vengan a alterarla. ¿Entendió?
- Se… Señor D’Angelo, ¿Qué se supone que está haciendo? Hasta ayer usted no decía nada de esto.
- Bueno, pues esto era algo que mi esposa y yo habíamos pactado, pero, en vista de que la familia Salinas no pretende dar tregua, y quiere ensuciar el nombre de Amelia, tuvimos que hacer público nuestro matrimonio, supongo que por esa razón, mi esposa nunca le contó nada sobre esto.
Amelia aun no salía del shock de aquel abrazo y beso, en su vida solo