Luciano, junto a su abogado, se levantaron de su lugar, vieron cómo los acusados fueron sacados de ahí, cargando sobre sus espaldas el peso de sus acciones y la condena que les robaría la vida.
Fuera de la sala se podía escuchar ruido; todos esperaban a que él saliera. Ya todo el mundo tenía listas cámaras, micrófonos y múltiples preguntas.
El edificio aún no terminaba de vaciarse cuando la noticia ya había dado la vuelta completa a Italia.
Luciano D’Angelo fue absuelto, pero no era del todo