Moretti vio cómo su familia subió a la camioneta blindada, la cual iba muy bien custodiada por elementos de su propio equipo de seguridad.
El hombre sonrió como si todo fuese algo normal, como si todo estuviera bajo control y sabía que lo estaba, debía estarlo, aunque no puede, no debe confiarse.
Nunca lo admitiría delante de nadie, pero le dolió ver partir a su mujer embarazada y a sus niñas, pues ellas eran lo único bueno que le quedaba, ya que, desde hace poco más de 4 años, tuvo que asumir e