Ángela despertó luego de unos minutos; cuando lo hizo, lo primero que vio fueron los angustiados ojos de su marido, el cual, al segundo siguiente, lanzó una mirada que le helaría la sangre a cualquiera que la recibiera, aunque este no era el caso de Luciano, quien con cautela se acercó a aquella mujer.
—Ángela, ¿cómo estás? —¿Cómo te sientes? —expresó lleno de culpa.
Acto seguido, Ángela se incorporó con ayuda de la fuerte mano de Antonio, se soltó e inmediatamente estrechó entre sus brazos a aq