Antonio y Ángela Moretti habían ido ahí; en el caso de ella, le era difícil fingir, ahora que sabía toda la verdad. Entendía por qué su marido no le había contado eso, pues si miraba a su alrededor, el dolor de todas aquellas personas era algo difícil de procesar.
Por ejemplo, miraba el sufrimiento de las hermanas de Luciano y se veía tentada a confesarles la verdad, pero, en su mente, resonaban las palabras que Antonio le había dicho el día que confesó que Luciano estaba vivo.
Laura iba tomada