Mientras ella se acomodaba con el bebé que había despertado y tenía hambre, Luciano y Adrien salieron y tomaron asiento en la pequeña terraza que daba hacia la casa Bianchi.
—Adrien, agradezco mucho lo que hacen por nosotros, créeme, sé que no debe ser fácil de entender, pero no sabes cuán importante es para nosotros volver. —dijo Luciano en completa honestidad.
—¡Lo sé! No tienes por qué decirlo, soy padre y seguro que mueres de ganas por ver a tu Almendra.
—Sí, no sabes cuántas ganas tengo de