Cuando Luciano entró a casa en compañía de Adele, quien daba brincos de alegría y no cuestionaba nada, Amelia se sorprendió, pues no esperaba que tan rápido se toparan con alguien más de su familia.
—¡Hola! ¡Yo soy Adele! ¿Puedo ver a tu bebé? —preguntó con entusiasmo.
—¡Hola, Adele! Creo que ya nos conocíamos, ¿No recuerdas?
—¿Hmm? ¡De verdad?
—¡Sí! Hace tiempo vine, solo que traía el cabello diferente.
—¿Hmm? No, no te recuerdo, a mi tío si lo recuerdo porque se parece a mi mamá, pero no, no t