Luego de ver a su hija recostada, Adrien tomó una botella de su mejor vino, aquel por el que había estado trabajando muy duro desde hace años. Esperaba que cuando saliera a la venta, Laura se sintiera orgullosa de aquel pequeño pero gran logro.
Ahora que lo veía, en dos días Laura pasaría a ser un simple recuerdo de algo que tuvo y que no pudo ser.
Adrien era consciente de que su comienzo había sido catastrófico y mucho de lo que ocurría hoy día bien podría ser el karma dándole una dura lección;