—¡Adrien, cariño! Les traje un poco de helado de lavanda; sé que lo necesitan tanto como nunca. —dijo Ángela parada en la entrada de su casa.
—¿Le preparaste a Vanesa? —preguntó Adrien mirando a la niña que se aferraba a la pierna de Ángela.
—¡Sí! A mi pequeño patito le ayuda para bajar sus energías.
—¡Dios! ¡Perdona! ¡Qué maleducado soy! ¡Pasen, pasen! —dijo Adrien abriendo la puerta y dejando pasar a Vanesa y Ángela. —¿Almendra y Valentina no vienen contigo?
—Valentina tuvo que ir a hacer