En la oscuridad de su estudio y ya con bastante cansancio acumulado, Moretti hizo una llamada, de la cual esperaba recibir buenas noticias.
—Raegan, dime, ¿cómo vas con lo que te encargué en Somerset? —dijo Moretti con la cabeza puesta en un nombre.
—Moretti… ¿Qué, no duermes? ¡Es medianoche! —dijo el hombre al otro lado de la línea.
—Lo que te pedí me tiene así, dime que ya tienes datos… —dijo Moretti con cansancio.
—Sí, ya investigué y efectivamente, la niña que me pediste buscar está