En una de tantas noches, Moretti entró a la habitación de Almendra al verla perdida en sus pensamientos.
—¿Cómo estás, cariño? —dijo Moretti arropándola con una suave manta.
—Me duele aquí… —dijo la niña señalando de manera torpe su corazón.
—¿Quieres que platiquemos? —dijo el hombre sintiendo un nudo en el pecho.
Almendra apretó los labios como un pez y dijo:
—¡Extraño a mi papá! ¡Quisiera volver a verlo! No me importa que él sea regañón, solo quisiera volver a verlo…
—Tu papá está