—¡Señor! ¡Salga! ¡Salga! ¡Maldita sea! Le dije que no fuera solo; esta mujer podría ser peligrosa. —dijo uno de los escoltas más cercanos a Luis Pastrana.
Luis, por su lado, algo aturdido por los rasguños y el golpe, salió inmediatamente del vehículo. Al escuchar el débil llanto del bebé, rápidamente abrió la puerta trasera del auto, tomó de los cabellos a la mujer que lo agredió y la sacó.
—¡MALDITA IDIOTA! ¡ESTUVISTE A PUNTO DE MATARNOS! ¡Eres una idiota! ¿Acaso no piensas en tu hijo? —dijo Lu