—¡Paolo Legran! ¡Tienes visita! —dijo uno de los custodios.
—¿Visitas? Yo no espero a nadie… —respondió Paolo mientras estaba recostado en su cama.
—No te estoy preguntando, alguien vino a verte, así que levanta tu trasero y ven aquí. —dijo el custodio dando un golpe en la reja.
—Hmm… ¡Ya! ¡Ya! ¡Voy! Aunque la verdad, no sé ni quién sea el que haya venido a buscarme; hoy no tengo visita con mi abogado.
El joven se levantó, se acercó al custodio, le pusieron esposas y se fue siguiendo al policía