Luciano revisaba algunos documentos que debían firmarse, había estado pasando varios días en casa y se le había acumulado el trabajo. Amelia ya tenía 5 meses de embarazo y aún no sabían qué sería el bebé, por lo que había estado al pendiente de todos sus chequeos.
Aquello provocaba que pasara días enteros en casa y descuidara un poco los asuntos de la oficina, las cosas en casa iban bien y no tenían por qué cambiar. Se estaba concentrado en varios archivos cuando Tadeo entró a su oficina y dijo:
- Señor D’Angelo, tengo al señor Pellegrini que quiere hablar con usted.
Aquello sacó de su concentración al joven Luciano, pues sabía que su tío pocas veces le llamaba, salvo para algunas dudas o aclaraciones.
- ¿Señor Pellegrini? ¿Pietro Pellegrini?
- Sí, señor…
Luciano creyó que en Italia debía ser muy de madrugada como para que Pietro estuviera despierto, sin duda, debía tratarse de algo urgente.
- Pasadme la llamada y que nadie me interrumpa hasta que termine esta.
- No es una llamada, el