Cinco días después dieron de alta a Livia.
Cuando Gustavo la ayudó a subir al carro con cuidado, recién entonces se acordó de Sofía, que seguía en el hospital.
Frunció el ceño y, tras dudar un momento, decidió volver por ella.
Al fin y al cabo, Sofía acababa de donar sangre por Livia. No podía dejarla ahí tirada.
Pero al llegar al piso donde se suponía que estaba, cayó en la cuenta de que ni siquiera sabía en qué habitación la habían internado.
Durante esos cinco días, Sofía prácticamente se le