Después de que el último invitado se hubo marchado, Monique se volvió hacia su esposo, sintiendo su brazo rodearle la cintura. Percibió la suave caricia de su mano en su espalda.
—¿Entramos? —preguntó él con voz suave cuando sus miradas se cruzaron.
Ella sonrió y asintió. Luego, tomados de la mano, ambos entraron en la casa.
Aquel día marcaba la bendición de su nuevo hogar, así como su primera noche en él. Habían decidido hacer la bendición antes de mudarse oficialmente, queriendo comenzar su v