Un escalofrío le recorrió la espalda a Selena al sentir el aliento tibio de Harris tan cerca de su piel. Aun así, no se apartó.
¡Bip, bip!
El repentino bocinazo de dos guardias de seguridad que patrullaban el vecindario en motocicleta los devolvió a la realidad.
Harris se apartó y Selena hizo lo mismo, con el pulso acelerado.
—Voy a entrar, señor Robinson —dijo Selena sin aliento mientras salía a toda prisa del auto.
Sin mirar atrás, corrió al interior de su casa. Afuera, Harris observó el lugar