—No te haré daño.
Harris tomó a Selena del mentón con delicadeza y le alzó la cara para obligarla a mirarlo.
Sus miradas se cruzaron y a Selena se le paró el corazón. Sabía que aquello estaba muy mal, pero ¿por qué la mirada de Harris le resultaba tan reconfortante, sobre todo ahora que tenía el corazón tan roto?
Cuando Harris acercó la cara, Selena intentó apartarse.
—Señor, estamos en la oficina —tartamudeó Selena mientras intentaba ponerse de pie.
Pero Harris no la soltó.
—Lo sé.
—Alguien pod