Inicio / Romance / Ama Sin Amor de Casa / Capítulo 3: Elogios para Selena
Capítulo 3: Elogios para Selena
—¿En serio? —preguntó Anton.

Harris no le había mencionado a Anton que llegaría a su casa a esa hora.

—Sí, lleva aquí como media hora —respondió Selena.

Anton entró a toda prisa y encontró a su jefe sentado en la sala.

—Lo siento mucho. Acabo de llegar —se disculpó Anton, apenado por no haber estado allí para recibirlo.

—No te preocupes. Fui yo el que no avisó —respondió Harris con una risita.

—Creí que vendría más tarde —dijo Anton mientras se sentaba frente a Harris.

—Estaba por la zona. Regresar a casa en auto habría sido una pérdida de tiempo, así que me pareció buena idea pasar por aquí.

De vez en cuando, Harris miraba a Selena, quien seguía de pie cerca de Anton.

Selena sentía culpa. Aún sentía el roce de Harris de un momento antes.

—Cariño, ve a preparar la cena —le dijo Anton a Selena con un tono más suave y amable para aparentar frente a su jefe.

—Voy.

Anton no sospechaba de su esposa ni de su jefe.

Ya que Selena se retiró a la cocina, Harris y Anton comenzaron a conversar con interés. La charla parecía de lo más entretenida; de vez en cuando, sus debates y risas se oían desde la cocina.

—Concéntrate, Selena —murmuró para sí tras tomar el utensilio de cocina equivocado por tercera vez.

“¿Es divorciado?”, pensó.

Anton ya le había mencionado que su jefe era divorciado. Su exesposa le había sido infiel y, en lugar de alargar el drama, Harris se divorció de ella. No tenían hijos.

“¿Qué tiene que ver eso conmigo? Deja de pensar en eso”, se dijo Selena.

Para cuando la comida estuvo lista, Anton y Harris continuaban absortos en su conversación. Selena aprovechó la oportunidad para escabullirse y cambiarse de ropa.

Se puso un vestido rojo sin mangas que le llegaba hasta la rodilla y se ceñía a la perfección a su figura. Con un toque de maquillaje ligero, se veía deslumbrante. Se miró en el espejo varias veces, temerosa de que su aspecto no fuera impecable.

—Esto es solo para complacer a Anton. No quiero hacerlo quedar mal —murmuró Selena mientras se retocaba el labial.

Durante la cena, Harris miró a Selena en varias ocasiones. Sin embargo, nunca perdió la compostura. Tenía una habilidad admirable para mantener la conversación, por lo que Anton jamás sospechó que su jefe lanzaba miradas furtivas a su esposa.

—La comida de tu esposa está deliciosa —elogió Harris al dar un bocado.

—Selena es una excelente cocinera. —Anton rio con orgullo.

—Eres un hombre con mucha suerte —añadió Harris.

—Lo soy. Aunque sigue diciendo que quiere volver a trabajar, pero no es necesario —respondió Anton, lanzándole una mirada incisiva a Selena, quien comía cabizbaja.

—Ah, ¿sí? ¿Y eso por qué? —preguntó Harris al notar que Anton había mordido el anzuelo.

—¿Para qué necesita una mujer complicarse la vida con una carrera profesional? Una mujer debe quedarse en casa, tenerla limpia y darle sus buenas noches a su esposo, si sabe a lo que me refiero. Cumplir con esas cosas es todo lo que se necesita para tener un matrimonio feliz —declaró Anton.

Harris asintió y volvió a mirar a Selena.

—Parece que tu esposa lleva todo de forma muy organizada. Se ve a simple vista que está acostumbrada a manejar muchas responsabilidades. Tiene mucho potencial —la elogió Harris con calidez.

Selena se sonrojó ante el cumplido, pero también sintió amargura. Otro hombre le dirigía las palabras de reconocimiento que tanto había anhelado recibir de Anton, aunque fuera un simple agradecimiento por su esfuerzo en la casa. Sin embargo, Anton jamás la había elogiado ni una sola vez.

Ahora se las decía el jefe de su esposo.

—Mientras el esposo pueda mantener a la familia, lo mejor es que él se encargue del trabajo —replicó Anton con una sonrisa forzada.

—A veces, una mujer quiere trabajar no porque su esposo no pueda mantenerla, sino porque quiere reconocimiento, crecimiento personal y vida social. Además, eso evita que acumule resentimiento y se aburra en casa —rebatió Harris, clavando la mirada en Selena.

Selena bajó aún más la cabeza, pero por dentro se alegró. Por fin alguien comprendía cómo se sentía.

—No queremos que una mujer se sienta asfixiada, ¿verdad? —añadió Harris con tranquilidad al terminar su comida.

Anton solo sonrió y asintió, y un silencio apacible se instaló en la mesa del comedor. En cuanto terminó la cena, Selena se puso a recoger la mesa. Anton se enfurecía si veía la casa desordenada. Anton y Harris se quedaron a la mesa, disfrutando del postre que Selena había servido.

—Si estás dispuesto a considerarlo, me gustaría ofrecerle un trabajo a tu esposa —dijo Harris, rompiendo el silencio para retomar el tema.

—La verdad, no creo que sea necesario —rechazó Anton con firmeza.

Harris se rio.

—Necesito una secretaria y creo que tu esposa sería la persona ideal —continuó, pasando por alto la negativa de Anton.

El corazón de Selena se aceleró al escuchar la conversación desde la cocina. De pronto, la perspectiva de volver a trabajar le dio esperanza, pero el recuerdo del extraño y prolongado roce de Harris de un rato antes también la inquietó.

—Señor Robinson...

—¿Y si te ofrezco un ascenso a gerente de toda una división? —lo interrumpió Harris con naturalidad—. Con la condición de que permitas que tu esposa trabaje como mi secretaria. Me ha costado mucho encontrar a alguien de confianza, pero al verla, estoy seguro de que estará a la altura.

A Anton se le cortó la respiración.

—¿U-un ascenso?

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP