—Cariño... tu coño sigue tan apretado —la elogió Harris.
Selena no respondió. Se limitó a mirar por el enorme ventanal, contemplando la lluvia y el mar, pues las gruesas cortinas traslúcidas estaban abiertas.
Harris la abrazó por la espalda. Sostuvo con firmeza sus pechos entre las manos y rozó con los pulgares sus pezones erectos y sensibles.
Selena apretó los muslos. A pesar de haber tenido ya dos intensos orgasmos ese día, el simple contacto de Harris reavivó su deseo.
Permaneció quieta entre