—Anton, tenemos que hablar —dijo Selena con firmeza.
Acababa de salir del baño después de restregarse bien la piel. El hambre que le carcomía el estómago había dado paso a una fría determinación. Había algo que tenía que enfrentar. Quería que Anton la mirara a los ojos y fuera sincero. ¿Por qué le había mentido a su familia, culpándola de los problemas de fertilidad?
Pero...
Al voltear hacia la cama, vio que su esposo ya estaba dormido. Anton no sentía ninguna culpa.
—Dije que teníamos que habla