Capítulo 29 — Bajo la misma sangre
El sonido constante de los monitores médicos llenaba la habitación con un pulso metálico, recordándole a cualquiera que la vida pendía de pequeños hilos eléctricos. Anastasia abrió lentamente los ojos, la luz blanca del hospital la cegó por un instante y su corazón latió con violencia al reconocer dónde estaba. Todo le parecía irreal: el olor a desinfectante, la cama demasiado limpia, el contraste brutal con las paredes húmedas y frías del convento donde había