MARIE
“Por favor, no me hagas esto.”
Mi voz se quebró antes de que pudiera evitarlo.
“Por favor. No se lo digas. Lo arruinarás todo para siempre. ¡Harás que mi hermano me odie!”
Las palabras salieron entrecortadas, empapadas en lágrimas que odiaba mostrar. Odiaba sentir el pecho oprimido, que mi orgullo se resquebrajara frente a él.
Daniel no se ablandó. No se acercó. Ni siquiera suspiró.
“¿Así que porque dijo la verdad, ahora soy yo la mala?”, replicó bruscamente. “¿Porque has estado saliendo