TRISTAN
—Voy a mantenerte a salvo. No vas a volver a trabajar hasta que des a luz y estés fuera de peligro —dije, tensando los brazos.
Ayer no dormí en una postura cómoda y mi cuerpo me estaba pasando factura con ese dolor sordo en los hombros.
Ella soltó una risa burlona y se cruzó de brazos. —No puedes hacer eso sin más. ¿Qué se supone que debo decirle a la directora? Aún me quedan meses de embarazo y... ¿qué pasa con mis citas en la clínica?
—O se lo dices tú o se lo digo yo mismo. En cuanto