LIVIA
Me quedé allí, en silencio, con la respiración entrecortada, escuchando cada palabra que Tristan lanzaba como veneno y fuego. No sabía que yo estaba allí. No sabía que sus defensas eran frágiles cuando la rabia hablaba por él. Y lo oí todo... cada amenaza, cada promesa, cada vil devoción que aún le profesaba a ese lobo que no valía nada.
Yelena.
El nombre me sabía amargo.
No entendía cómo alguien podía estar tan desesperada por convertirse en la Luna de un hombre al que no tenía derecho.