YELENA
—¿Esto era para mí? —casi grité mientras miraba la montaña de archivos apilados en mi escritorio.
—Yo tampoco podía creer lo que veían mis ojos esta mañana —dijo Nyra, mirándome con esa expresión de lástima que tan bien dominaba—. Supongo que te odia tanto que buscaba la manera de echarte de este hospital.
Solté un largo suspiro y me hundí en la silla. —¿Quién no odiaría a una pareja que lo rechaza? —murmuré entre dientes. Luego, más alto—: No tendrá éxito en el juego que esté jugando. L