YELENA
Lo primero que sentí fue un peso enorme en mi mano.
Era cálido, apretado y casi desesperado.
Cuando abrí los ojos, todo era blanco brillante y borroso. Parpadeé una, dos veces, hasta que la habitación dejó de dar vueltas. Estaba en una cama de hospital. Yo... una doctora entera, tumbada como una paciente indefensa que no distingue entre un dolor de cabeza y un peligro real. Genial.
Giré la cabeza y vi a Tyler sentado a mi lado, sujetándome la mano como si, si la soltaba, fuera a desapare