JACKSON
¡Mierda! ¡Mierda!
No podía creer lo que había hecho. Le había permitido que tomara su número. La rabia me hervía, alimentada por su lengua afilada y la forma en que me empujaba, me incitaba a cometer errores que debí haber evitado.
Kenzie la había aceptado de vuelta. Incluso me llamó después, diciéndome que lo había pensado bien y que quería otra oportunidad. Debería haberme sentido aliviado. Debería haberme alegrado. Debería haberlo dejado pasar. Pero no lo hice.
Estaba furioso. Y lo q