YELENA
Me quedé mirando fijamente el mismo punto en la pared, como si las respuestas estuvieran allí escondidas. Sentía el pecho oprimido. La cabeza me dolía. Ria se había ido. Así, sin más. Un minuto antes, luchábamos por su vida con todas nuestras fuerzas, y al siguiente, yacía allí, fría. Todavía no podía asimilarlo.
¡La salvamos! ¡La salvamos!
Y ahora estaba muerta.
Las lágrimas se me negaban a caer porque todo parecía irreal, como si estuviera atrapada en un sueño que se negaba a terminar.