YELENA
—Oh, Luna… todavía te sangra la nariz —susurré mientras le ponía el último trozo de algodón en la cara magullada a Tyler. Se le cortó la respiración, y un leve quejido escapó antes de que intentara hacerse el duro de nuevo.
Su hermana me observaba desde su cama de enfermo, con las manos en el pecho, mirándome como si yo fuera el culpable de todo esto. —¿Quién te pegó, hermano? —espetó, entrecerrando los ojos, con esa actitud fraternal que solo le salía cuando estaba enfadada y asustada a