YELENA
Entonces habló.
“Es porque me avergonzaba de mí mismo.” Su voz era baja. No era fuerte ni estaba enojado. Simplemente… cansado.
“Avergonzado de todo lo que he hecho.” Hizo una pausa, como si las palabras le pesaran en la boca. “Sabía que algún día me atraparían. Sabía que ese día sería mi fin… así que lo acepté.”
La habitación se volvió más fría.
Exhaló, lenta y bruscamente, y luego añadió: “No hay cura para esta maldición. Créeme… He buscado. He buscado por todas partes brujas, curander