MARIE
—¿Dejarte para qué? ¿Después de arruinarlo todo? —La voz de mi madre resonó en la habitación como un latigazo tras mi forcejeo. Su mano seguía agarrando mi brazo. No lo suficientemente fuerte como para hacerme daño, pero sí para recordarme que aún no era libre. Sus ojos me miraban fijamente con ira, decepción y vergüenza.
Todo mezclado.
—No fue mi culpa —respondí rápidamente. Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.
Mi madre se rió, pero no tenía nada de gracioso. —¡Claro qu