MARIE
Todas las miradas estaban puestas en mí.
La habitación se sentía demasiado silenciosa, demasiado opresiva, como si las paredes se hubieran acercado sin que nadie se diera cuenta.
Incluso Yelena había dejado de llorar.
Hace un momento tenía el rostro bañado en lágrimas, pero ahora se las había secado, sentada allí con sus ojos rojos fijos en mí, como si esperara un espectáculo.
Como si ya supiera la respuesta.
Como si quisiera oírla de nuevo.
Me temblaban las manos.
Sentía el temblor recor