La nieve comenzaba a caer cuando el tren se detuvo en la estación de South Boston. Afuera, el aire olía a invierno, a leña encendida y café recién hecho. Me cubrí con la bufanda de lana que mi madre tejió años atrás y respiré hondo. El frío me devolvía una claridad que había perdido entre las luces de Nueva York.
Papá que habia venido dias antes, me esperaba apoyado en un bonito coche azul, con esa sonrisa cansada que siempre lograba romper mis defensas.
—Hola, mi niña —dijo, abriendo los brazo