Han pasado ya treinta y cuatro días desde que Alhara fue dada de alta. Un mes completo desde que cargué por primera vez a mi hija fuera del hospital sin Alice a nuestro lado. Desde entonces la vida se ha vuelto una ruleta silenciosa y monótona que gira sin detenerse, arrastrándome con la misma pregunta clavada en mi pecho:
¿Cuánto tiempo más seguirás dormida, amor?
Mis mañanas comienzan siempre igual. El sonido diminuto del monitor de bebé en mi mesa de noche anunciando que Alhara ya está despi