No sé en qué momento los días comenzaron a sentirse como una cuerda tensa que está a punto de reventar. Apenas ha Pasado una semana y media desde que nos dijeron la palabra que cambió mi vida —tumor— pero cada amanecer se siente como un recordatorio cruel de que el tiempo corre sin piedad.
Y aquí estoy, otra vez, sentado al lado de su cama, con las manos entrelazadas a las de ella como si pudiera anclarla a la vida.
Alice duerme. Su respiración es suave, irregular a ratos. La luz del hospital s