Ethan: Cuando David cruzó la puerta de mi casa, yo ya estaba derrotado.
Aún tenía el teléfono en la mano. Había pasado el día entero haciendo llamadas, activando contactos, moviendo hombres como si cada uno fuera una ficha de ajedrez en un tablero que se me escapaba de las manos. Alice no aparecía. Y mientras más se desvanecía su rastro, más se cerraba el nudo en mi pecho.
Mi madre reía suavemente en la sala, ajena a la tormenta. Jugaba con los niños en el suelo, construyendo torres de colores