La oficina, que antes se sentía como mi santuario de poder, de repente se volvió pequeña, asfixiante. Liam,al ver mis manos temblorosas tomo el sobre , con asombro su mirada alternaba entre el hombre que acababa de irrumpir en nuestras vidas y los papeles que estaba leyendo.
—¿Phillip? —susurró Liam, dando un paso adelante. Su voz tenía un matiz de reconocimiento profesional que me erizó la piel—. ¿El Doctor Phillip Vance? ¿El jefe de virología de la Universidad de Ginebra?
El hombre asintió c